Siempre me ha gustado ser independiente. Pero últimamente dependía de alguien para sentirme bien. Dar una excusa, realmente buena, para renunciar a la comunicación, creo que fue la mejor idea que has tenido. Dejar de verte por algún tiempo me ha hecho bien... mucho bien, si puedo recalcar. Los sentimientos de culpa o tristeza se han esfumado de mi vida. La necesidad de hablar contigo por lo menos una vez al día había sido desechada de mis archivos y había introducido una nueva petición para tramitar: "Mis Necesidades". Así se llamaba el proyecto. Tenía muy buenas bases y argumentos. Creo que la junta del departamento la estaba considerando para realizarse lo más pronto posible. Como saben, hacer el papeleo es lo más fastidioso y largo para crear un proyecto. A pesar de esto la mayoría de los integrantes de la junta les gustó mucho la idea del proyecto "Mis Necesidades". Poco a poco fui llenando las planillas y exponiendo el concepto. Hasta me estaba empezando a gustar y convencer de que podía funcionar.
Un día recibí una llamada. Era una chica que, con voz simpática y acogedora, me avisó de una reunión. Sentí que me succionaban toda la comida que había ingerido ese día, que las pupilas se me contrajeron y mi respiración empezó a ser desigual. Los nervios me estaban atacando, pero le tenía que responder a aquella voz.
-Sí, si iré. - insinuando un poco de simpatía- No me lo perdería por nada.
Imaginé su sonrisa de satisfacción y al segundo respondió:
-¡Excelente! -con mucho entusiasmo- Nos vemos allá a las nueve de la mañana.
Por un momento me sentí entusiasmada hasta que recordé "lo veré". En la tarde lo iba a ver. Iba a ver al causante de mis sonrisas, al ausente en mi presente y el presente en mis sueños. Al fin lo iba a ver y por un instante creí que íbamos a poder hablar. "Qué tonta" me dije a mi misma después de meditarlo bien, "vamos a estar en un lugar público". Me dejé de ilusiones y traté de seguir con mis tramites, sin embargo en mis pensamientos escuchaba a lo lejos un pitico que murmuraba emoción, emoción por verlo.
Así fue toda la semana, hasta que llegó el día. Cansada, porque el día anterior había salido de fiesta, me levanté, me cepillé los dientes, comí un buen sándwich y bajé al metro. Mientras esperaba por que llegara el vagón saqué un libro y empecé a leer. Cuando llegó el vagón entré y me senté. La travesía era larga, así que tenía mucho tiempo para soñar mientras leía. Miles de pensamientos se pasaron por mi cabeza. Miles de mariposas sentí en mi estómago. Miles de palabras leí para contenerme y no gritar "Te extraño". Ya faltaban dos estaciones para llegar y mi cerebro estaba en otra sintonía. Llegué a mi destino, guardé mi, muy apreciado, libro y salí casi corriendo. Iba tarde.
Al llegar me encontré con la chica de voz simpática y acogedora, la reconocí por el timbre de su voz, a pesar de nunca haberla visto en mi vida. Me dirigió al salón y entré, un poco incómoda. Analicé muy bien el lugar. Tenía unas paredes con una textura rugosa, de color beige, en medio de todo el salón había unas cuatro mesas organizadas para formar una especie de recuadro. Parecían ser de caoba. Las sillas eran lo que resaltaba en toda esa habitación, parecía ser manchadas con temperas de todos colores de manera desordenada, pero agradable a la vista. Dos de las paredes estaban adornadas con cuadros de arte cubista. Picasso, Braque y Marcoussis fueron los que más resaltaron a mis ojos. Una luz cegadora entraba por la ventana, así que no necesitaban luz artificial. Yo era la primera en llegar así que seguí detallando el salón. Cuando iba viendo una obra de Roger de La Fresnaye escuché la puerta abrirse y entraron un montón de chicas. Todas eran diferentes. Todas eran únicas. Tenían una sonrisa de oreja a oreja y al parecer todas me conocían. Se pusieron en fila al frente mío y me dieron la bienvenida con un grito que me dio escalofrío "¡Eres bienvenida a unirte a la felicidad absoluta!". Yo no entendía nada, pero el entusiasmo con que me invitaron me dijo "averigua".
Charlamos, echamos chistes, contamos experiencias, nos reímos, y por un momento sentí un sentimiento de regocijo tan inmenso, que pensé, "ésta es la felicidad absoluta". Sin dudarlo me uní al grupo oficialmente. Al terminar de llenar las planillas para entrar ya eran las doce y media del mediodía así que decidimos ir a comer.
A la una y media había otra reunión. Fuimos a las instalaciones y subimos al salón. Cuando ya estábamos adentro, entró un grupo grande de personas, en donde estaba él. Pensé "Nudo, nudo, nudo en el estómago". No quise que mi humor cambiara por una tontería así que omití cualquier sentimiento de celos, culpa o rabia. Trate de ser lo más amigable, y con tanta felicidad que me habían transmitido en la reunión de la mañana me propuse hablar con él después de la reunión actual.
A las cuatro y media terminamos y traté de apartarlo del grupo. No se dejaba. Me di por vencida. Ya no tenía más nada que hacer. Me iba a quedar con la incertidumbre de saber que iba a pasar. Me deje de estupideces y seguí hablando con todos. Llegó un momento que el hecho de querer hablar con él se había esfumado, porque ya, sabiendo que él no quería aclarar nada, tenía mi respuesta. No iba a pasar nada. NADA DE NADA. De pronto me llegó un olor a mi proyecto. "Mis necesidades" había sido aprobado por la junta, justamente en ese momento. Después de esa experiencia tan regocijante en la mañana me di cuenta que no dependía de nadie para ser feliz. Sólo YO era la que podía proporcionarme felicidad. YO era la responsable de querer seguir adelante o no. Le comenté a una chica todo lo que estaba pasando por mi mente en ese momento. Me sonrió, mientras ponía su mano en mi hombro, y dijo:
-Nam Miojo Rengue Kio. -esperó un segundo y continuó- repite este mantra todos los días, en la mañana y en la noche, por el tiempo que quieras. Aquí tienes mi teléfono, mi nombre, y cómo se escribe. -Me entregó un papelito- Me puedes llamar cuando quieras, yo estaré esperando tu llamada. Te aseguro que esto te proporcionará la felicidad que todos estamos buscando.
No sé por qué, pero sus palabras tocaron una parte débil de mí. Empecé a llorar, llorar de felicidad. Alguien me había dado una herramienta que seguía todos los ideales de "Mis Necesidades". Mi decisión fue sacarlo de mi vida y seguir adelante. Ya no dependía de Él ni de nadie más que yo. Ahora tenía el NMRK y "Mis Necesidades". Entrelazándolos iba a obtener la receta que tanto había esperado y que actualmente sigo utilizando: La felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario