viernes, 17 de junio de 2011

El piso diez

Y de repente salió de la casa y se asomó por la ventana. Se veía cómo el edificio que era, ya no lo es. Se apreciaba los árboles cayéndose y bamboleándose de un lado al otro. Se podía ver como las personas gritaban y corrían en círculos por tratar de salvar sus vidas mientras que, en el piso diez, donde se asomaba, todo estaba quieto. Ni una mosca volaba, ni una hormiga buscaba alimento. Todo estaba en calma. Sus ojos se movían de un lado al otro viendo el desastre que ocurría alrededor, viendo como todo se estropeaba. El centro comercial donde siempre encontraba todo, estaban en el camino de ser escombros, polvo, migas, ya no iba a ser nada. Estaba solo, sin nadie, ni la abuela, ni la madre o el padre, nadie. Solo en ese mundo utópico del piso diez, donde todo parecía estar en calma, donde todo era perfecto. De repente, se sintió un sacudido, y otro sacudido. Y otro, y otro y otro, no cesaban, no podían cesar. Eran las heridas causadas por algo externo, algo que no se puede controlar. Junto con estas sacudidas continuaban una réplicas, una tras otra. Al fin y al cabo, no se distinguían cuales eran las replicas y cuales eran las heridas, todas eran tan fuertes como la primera. Luego de un rato, todo cesó, dentro y fuera del piso diez. Todo estaba en calma. El seguía vivo, y esperaba que los demás también. Al pararse del piso, en el cual unos segundos antes estaba en posición fetal, pudo distinguir una capa de niebla, pero se preguntaba como podía haber niebla, si estaban en pleno trópico, además no hacía frío. Seguidamente el humo se expandió desde la montaña más lejana hasta traspasar el lugar y llegar al otro lado de la edificación. Al entrar por la ventana, se dio cuenta que no era niebla. Era humo, humo gris, casi negro. Mientras más se adentraba en el piso diez, más se ennegrecía. Él se preguntaba que estaba pasando, no fue un sismo, no fue tsunami, no fue un tornado. Entonces, ¿que fue eso? Algo no estaba bien. 

Ya habían pasado algunas horas, y todo seguía igual. No se escuchaba ni un grito. No se veía más que el humo negro que rodeaba todo el piso. No llegaba su madre, su abuela o su padre. Seguía solo. Solo como un perro abandonado. Solo como una manzana tirada al piso. Solo como 1+0=1. En lo único que pensaba es en alguien que llegara y lo salvara, quizás un caballero de brillante armadura, o hasta la señora que limpiaba el edificio. Cualquiera, en ese momento, podía ser un rayo de luz esperanzador. Pero nadie llegó. Nadie se asomó. Todo siguió en silencio y nada se movió. Poco a poco, se fue sintiendo en soledad. Al poco tiempo la desesperación reinaba y ningún sentimiento iluminado pasaba al frente de sus ojos. Ya el humo negro era parte de sí. Ya no había azúcar, estrellas ni polvo de hadas, todo lo que quedaba era humo. Humo negro.

Nunca nadie llegó. Nunca el humo se fue. Nunca. Nunca pasó nada más que soledad y desesperación. A sus últimos años, ya lo que quedaba de él era barba y algo parecido a piel, que lo cubría en todo su haber. Estaba ciego, no sólo sus ojos si no también sus sentimientos. Olía mal, así que años atrás se había quitado la ropa. No había nadie con él, así que la preocupación no lo ocupaba. Sí, no había nadie con él. Ese era su único pensamiento. Lo dejaron sólo. No se preocupaba del bien estar de su abuela, o de su madre o su padre, sólo pensaba que esos desgraciados lo había dejado sólo, sin compañía. "¡Bastardos! ¡bastardos todos ustedes que no les importo!" Hablaba con el humo. Hablaba con su mano que ya no veía, pero sentía. Hablaba al vació como si alguien lo escuchara y lo único que repetía, una y otra vez, era esa frase. Esa frase llena de ira y rencor, causados por la soledad y la desesperación.

Pobre corazón desamparado, 
nunca pudo ver más allá de la ventana, 
nunca pudo buscar un refugio, sea bajo tierra, sea con alguien 
o sea la muerte. 
Pobre corazón desamparado, 
que ya no tiene a nadie más que a él mismo, 
la desesperación lo ha carcomido 
y ha muerto en su delirio. 

Sí, pobre corazón, él fue quien sufrió las más dolorosas heridas y réplicas, él fue el único que sobrevivió al desastre, él pasó todo lo que nadie podría haber pasado. él fue el que sufrió cada segundo de sus años de vida y que en el piso diez su vida no fue más que desesperación y soledad.