jueves, 12 de septiembre de 2013

Casabe y atún.

Oportunidades vienen y van. Se presentan en pantaloncillos cortos y también en trajesillo formal con su muy apropiado corbatín o con sus muy apropiados tacones. Algunas parecen venir con un cuchillo frío y filoso, otras parecen venir con un ramo de flores olorosas a polen. Pero, ¿qué hay detrás de esto? ¿acaso es puro "parecer"? ¿hay algo más esencial en éstas susodichas oportunidades? No todo es lo que aparenta. En realidad, creo que nada es lo que parece. Siempre hay algo más profundo, un significado que muchas veces no logramos reconocer o comprender. Depende de nosotros aprovecharlas o no. Depende de nosotros evaluar, según nuestro criterio, si nos favorecerán o, por el contrario, nos perjudicarán.


Hey, ahí va, caminando por la calle. Pasa frente a tus narices, quizás burlonamente, te sonríe y vos no sabes que hacer. Sentimientos encontrados se reúnen a discutir "¿cómo es la guachafita?", y se hacen la usual pregunta "aja, y ¿ahora que hacemos?". Te lanzas a perseguirla. Corres, tratando de adivinar por dónde se habrá escabullido la muérgana esa. La consigues. Charlas, intercambias puntos de vista, hablan sin verse a los ojos, dejan de escucharse, pierden contacto, comienzan a gritar. Cada uno, muy profesionalmente, se para y se larga al carajo. Volteas a verla por última vez. Ahí va tu oportunidad.

Vuelves a tu casa, pensativo, desalentado y hambreao'. Te diriges a la cocina y sacas de la nevera el atún pasado de sal de hace dos días y el casabe chicloso de algún viaje. "Casabe y atún -piensas- comencé persiguiendo una oportunidad, y terminé comiendo casabe y atún solo en mi casa. Esto no es lo que pensé que sería"

Otra oportunidad se pavoneará poráhi, de eso no hay duda.

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