martes, 29 de noviembre de 2011

Ya no hay porqué

Las luces apagadas.
Todo está oscuro.
No hay miedo,
no hay algarabía.

Solo queda el silencio.
Dos cuerpos tendidos en el piso,
tan cerca uno del otro
que no necesitan hablar.

Ambos ciegos y sordos.
Solo se golpean con palabras,
palabras que entran y salen
sin siquiera tocar el caracol de sus oídos.

Ya nadie habla.
Ya nadie escucha.
Ya nadie ataca.
Ya no hay porqué.

Lo único que se escucha
son los arrullos del silencio
que tararean, en una melodía,
una letra que parece decir
"Lo siento".

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