jueves, 29 de marzo de 2012

Las cosas llegan cuando tienen que llegar. El momento es este, no hay otro.

Tener que esperar es como tener que aguantar las ganas de hacer pipí, creo que estoy segura y concuerdo con todos, que no es satisfactorio. Pero no me van a decir que cuando llegan al baño y se bajan la bragueta: ¡piiiss! LA GLORIA!

Así de rico, bien o sabroso, se siente cuando esperamos que pase algo, y llega el momento justo para que pase. A pesar de sufrir la incomodidad de que la vejiga va a explotar antes de que lleguemos a la poceta, nos la calamos y seguimos aguantando. El más grande contrincante de la espera es la paciencia. Realmente admiro a las personas que las caracteriza la paciencia. Son unas heroínas. Pero el hecho de tener paciencia no nos da paso para solo esperar y esperar y esperar, sin hacer nada. Esta inutilidad puede caracterizar a muchos, incluyéndome. Pero sin acción no hay efecto, así que por lógica, la mejor fórmula es la de 

esperar + accionar = resultado positivo :) 

No es fácil de usar, pero aún así se las dejo para que la tengan como acotación para usarla en el lugar y momento exacto.