Creo en la
simpleza da la vida, y que todo lo que hago tiene un efecto sobre mi ambiente y
sobre mí.
Creo que
pensar más de dos veces -todo el tiempo- puede llegar a ser aburrido.
Creo en la
impulsividad de los adolescentes; sin embargo,
Creo en la
Ley Mística de Causa y Efecto, y en la inseparabilidad del hombre con su medio.
Creo en la
música, la cual siento y sé que corre por mis venas desde que me concibieron.
Creo en
mis padres, las personas que más amo y los pilares de mi vida.
Creo en la
vibración de las cuerdas de un cello, más que en una canción comercial.
Creo en Haydn,
sin el cual el Beethoven que conocemos nunca hubiese sido el mismo.
Creo en
Soda Stereo, banda que ha marcado mi vida y marcará la de mis futuros hijos.
Creo en el
trabajo digno del músico, que brinda sonrisas al mundo, y el cual debe ser
admirado.
Creo en nuestro lado oscuro, donde todos somos
egocéntricos, codiciosos, animales y descarriados.
Creo en el
sexo, que no debería de ser visto como tabú, ya que es reflejo de nuestra
naturaleza para reproducirnos y buscar el placer.
Creo en el
baile, como un cortocircuito que ocurre dentro de mí, y que hace mover mis
átomos al pulso de la música.
Creo en el poder interno del alma humana para cambiar
las cosas que no nos gustan en nuestra vida.
Creo en la
unicidad de cada ser y en el respeto que cada uno merece.
Creo en
nuestros sentidos, y que deberíamos escuchar el doble de lo que hablamos.
Creo en
saborear una paz genuina en el mundo, una paz en la cual todos tengamos nuestras
propias opiniones, y en la que
respetemos nuestras divergencias,
conviviendo, tolerando, apreciando la diversidad y motivando el diálogo
entre todos los seres humano.
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