Su mirada se desvanece en el horizonte, como si dibujara un camino. Respira el oxígeno y expulsa el CO2 sin problemas. Siente la tierra, tierra pura entre los dedos de sus pies. Observa como crece de algo tan supuestamente "sucio", algo tan hermoso como una flor silvestre de aroma adictivo. Es como si sus pensamientos lo dominaran y no podría concentrarse en nada mas que ellos. Divagar, es lo mejor que hace y crear historias nunca antes escuchadas por el hombre es su especialización. El aroma de dicho espécimen lo saborea con el gentil roce de la pequeña, pero hermosa, flor en sus labios. Su cuerpo se activa a cada milímetro que pasa el pétalo por su bemba. Se siente la circulación de la sangre, las venas, las arterias, el interior. Ya de afuera no necesita nada, sólo a él mismo, él y sus pensamientos podrían casarse y vivir juntos por siempre, es su más grande amigo, así como su más grande enemigo. Lo sabe muy bien, no tiene problema en entenderlo, pero como toda droga, nunca se cura la adicción.
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